Los libros.


Siempre fui introvertida. De niña, también era tímida. Así que en algún momento decidí crear mi propia realidad alterna, y uno de los métodos que encontré fueron los libros.

El primer libro que leí de forma consciente fue Don Quijote. Sé que no es exactamente lectura para una niña de 10 años, pero de ahí me enganché y ya no paré.

La lectura y la escritura se convirtieron en mis mejores amigas. Esas que no juzgan, que solo escuchan. Aunque soy plenamente consciente de que uno también necesita ser cuestionado e interrogado, no solo escuchado. Los libros me daban refugio, y en ese momento eso era exactamente lo que necesitaba.

En el colegio empecé a escribir mis propios poemas. Y aquí viene lo curioso: los vendía. Una niña introvertida y tímida, vendiendo sus palabras. Lo que nadie se imaginaría es que soy disléxica. Siempre me parece gracioso y fascinante al mismo tiempo, porque la dislexia no me alejó de las letras, al contrario, me acercó más a ellas.

Hoy leo de todo, menos terror. El romance, el drama y la comedia en los libros me hacen descansar de mi mente, que siempre, siempre está andando.

Supongo que eso no ha cambiado tanto desde los 10 años. Sigo buscando en las páginas lo que a veces el mundo no me da.


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