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Fragmentos

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  AMOR Ahí estaba la carta que parecía muerta, esa carta dejada para ser olvidada. El tiempo pasa y la esperanza renace con ella. Ese papel olvidado con letras muertas ahora renace en su mente. CICLO Y así te das cuenta que no sabes cómo salir. Sales y no sabes cómo existir. Existes y no sabes cómo seguir. Sigues y te odias porque caes. Pero si caes, sabes que te toca repetir.

La batalla.

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  Sabes qué me duele: los rincones oscuros a los que la soledad te puede llevar. No es fácil tener una vida así. Créeme, no quiero quejarme. Pero siento que las personas a mi alrededor lo ven fácil. Lo que no ven es el caos que hay en mí. Hay días en que pienso que todo puede salir bien, es como conectar con una parte de mi ser que apenas estoy conociendo. Pero llegan otros días donde la batalla de existir aparece, y se siente como una pelea constante contigo misma. Duele existir en un espacio donde físicamente estás sola, sin saber cómo dejar de ser lo que ya eres. Esos días, la batalla te pasa factura. Y se llama culpa. Culpa de ser débil. Culpa de pensar que las opiniones externas tienen tu vida resuelta cuando a ti te cuesta ver más allá de tu propia existencia. Culpa de no saber cómo lidiar con tus emociones y con las ganas de mandarlo todo lejos, y aun así seguir igual. Pero te levantas. Entiendes que solo son días de tormenta. Pones tu buena cara, no la cara de los días en q...

CAOS (poema)

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  Y de repente, estás atrapada en un momento de tu vida donde nada tiene sentido. Así es como llega el frío de un consolador recuerdo; un recuerdo que vive en un espacio oscuro de tu mente, ese espacio que habitas ahora mismo. Te odias por no saber cómo seguir. Te odias porque caes en la misma espiral, esa de la que prometiste salir toda tu vida. Te odias por estar estancada; te amas por reconocer la necesidad de salir de allí. Te odias porque, sin importar qué, vuelves a caer; te amas porque sabes levantarte. TE ODIAS POR NO SABER AMARTE.

Las versiones que fuiste y ya no eres

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  ¿Cómo aprender a soltar? Es una pregunta que ronda en mí desde hace un buen tiempo, y hace poco me la volví a plantear con más honestidad que nunca. Hay momentos en la vida donde las cosas no se sienten como solían ser, y de alguna forma tendemos a aferrarnos a ese "bueno conocido". En mi caso, ese bueno conocido vive en el eterno dolor de lo que es la vida, en minimizarme, en no reconocerme. He pasado por etapas. Etapas que te pueden hacer más fuerte o más vulnerable, dependiendo de lo que vivas. Y con ellas viene el reconocimiento de los duelos, que como ya he mencionado en este espacio, la vida se encarga de presentártelos de las formas más inesperadas. Uno de esos duelos, el que siento estar transitando en este momento, tiene que ver con aprender a soltar. No soy la persona que era. Y me cuesta reconocer ese sentimiento, darle espacio a la persona que soy hoy, esa que se ha ido formando con el paso de los años sin que yo lo pidiera del todo. Pero sigo preguntándome...

CUENTO CORTO El vacío de un nuevo comienzo.

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  El vacío de un nuevo comienzo. Era una tarde fría de otoño. La calle junto a la casa de Lucía estaba desierta, tan sola como ella, tan fría como ella. La vida no había sido el cuento de hadas que su abuela le prometió; en cambio, resultó ser un sendero lleno de retos y una serie de eventos desafortunados que la hicieron cuestionar su propia existencia. Esa tarde, Lucía tomó una decisión: acabar con su sufrimiento. Llevaba veinticinco años cargando un dolor profundo, sin saber cómo seguir adelante. Su vida había sido una sucesión de pérdidas, de llanto tras llanto. Sentía un vacío insoportable, una nada absoluta. No había nadie, solo ella y su dolor, un compañero ingrato que, por más que intentara ahuyentar, siempre la arrastraba al lado más oscuro de su mente. Cada vez que creía vislumbrar un rayo de luz, ese lado oscuro le susurraba al oído, recordándole lo insignificantes que eran sus esfuerzos. Esa voz persistente le repetía que su vida no era más que un camino sin destino, un...

La carta que nunca envié

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  La carta que nunca envié Tardé más de 19 años en decirte esto, así que espera un momento, porque hay cosas que debo expresar.   Te fuiste cuando tenía 15 años, y eras lo único que conocía. Mi mundo, mi ser, mi todo. El paso del tiempo sin un compás de vida no ha sido fácil de asumir. Créeme que sé que esto no es lo que querías para mí, pero creo que ese es el punto de todo: fuiste la única que decidió por mí, y cuando dejaste ese vacío tan grande, lo único que hice fue salir a buscar ese amor simbiótico que teníamos en otras personas. No es fácil, sabes. Me pasé una vida tratando de entender y de dejar ser. Sé que suena irónico, pero así ha sido. Muchos años después de tu partida, mi corazón y mi ser quedaron a la deriva, como en piloto automático. Pero luego, cuando me encontré tocando fondo, encontré una vida que no sabía que me pertenecía. Te voy a contar la vida que he tenido desde tu partida. Entré a estudiar la carrera que tú siempre soñaste para ti. Eso pa...

La ansiedad.

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Como todos, de alguna forma cargamos la cruz de la vida. A veces pesa poco, a veces aplasta. La mía me ha llevado a lugares muy duros y a otros más sencillos. Y en medio de todo eso, llegó ella: la ansiedad. Llegó como diagnóstico cuando tenía 19 años. Se sentía como un torbellino gigante que te absorbe y te lleva, sin avisarte, sin pedirte permiso. En esa época, entrando a mis veintes, vivía en piloto automático. Y cuando sentía que me desbordaba, recurría a un desborde más grande: la comida y el alcohol. La comida siempre ha sido un gigante en mi vida. El alcohol no tanto, pero también llegó a serlo. Cuando me di cuenta de lo que me estaba pasando y de cómo lo estaba sobrellevando con más excesos, algo cambió. Aprendí a distinguir la ansiedad que viene con las ganas de comer, de esa otra ansiedad que aparece sin razón aparente, sin que sepas por qué carajos llegó. Esa segunda me hace sentir sola. No sé si me pone fuera de lo que la sociedad cataloga como normal, sé que muchos vivi...