El vacío de un nuevo comienzo. Era una tarde fría de otoño. La calle junto a la casa de Lucía estaba desierta, tan sola como ella, tan fría como ella. La vida no había sido el cuento de hadas que su abuela le prometió; en cambio, resultó ser un sendero lleno de retos y una serie de eventos desafortunados que la hicieron cuestionar su propia existencia. Esa tarde, Lucía tomó una decisión: acabar con su sufrimiento. Llevaba veinticinco años cargando un dolor profundo, sin saber cómo seguir adelante. Su vida había sido una sucesión de pérdidas, de llanto tras llanto. Sentía un vacío insoportable, una nada absoluta. No había nadie, solo ella y su dolor, un compañero ingrato que, por más que intentara ahuyentar, siempre la arrastraba al lado más oscuro de su mente. Cada vez que creía vislumbrar un rayo de luz, ese lado oscuro le susurraba al oído, recordándole lo insignificantes que eran sus esfuerzos. Esa voz persistente le repetía que su vida no era más que un camino sin destino, un...