Los duelos.
En la vida pasamos por diversos duelos. Yo he pasado por varios, y dos de ellos han sido especialmente duros. Hoy quiero hablar del más reciente.
El 2 de septiembre de 2024 perdí a mi Rocky. Mi compañero. Lo que yo consideraba mi pequeña familia, esa parte de la vida que había construido yo, para mí.
Estuvo conmigo 12 años y medio.
Cuando pasa algo así, te encuentras con todo tipo de comentarios. "Es un perro, es una mascota, no es para tanto, superelo." Y sí, los escuché. Los escuché y dolieron. Porque quien dice eso no entiende lo que es llegar a casa y que ya no haya nadie corriendo a recibirte. No entiende el silencio de una casa que antes tenía vida propia.
Rocky era un amor y una pelea al mismo tiempo, porque era un perrito bravo que me mordía. Pero era mío y yo era suya. Cuando llegó a mi vida, yo estaba en piloto automático, sintiéndome anestesiada por dentro. Y él, sin saberlo, sanó algo en mí.
Extraño las rutinas. Extraño escucharlo. Extraño acariciarlo cuando la ansiedad me ganaba, porque solo con estar, él me calmaba. Mi primer episodio de ansiedad sin él fue uno de los momentos mas retadores que pase. Porque ya no estaba, y tuve que aprender a estar sola en eso.
Casi dos años después, sigue siendo raro.
Comentarios
Publicar un comentario